Por el equipo editorial del diario digital de la Central Autónoma de Trabajadores (CAT)
Cualquiera que camine por una población en Maipú, una caleta en el Biobío, un campamento en Antofagasta o un caserío rural en el Maule se da cuenta de lo mismo: a Chile no le falta trabajo por hacer, lo que le falta es voluntad política para poner a la gente a trabajar donde de verdad se necesita.
Nos bombardean a diario desde los matinales y los editoriales de finanzas con la letanía de que “hay que esperar que la economía crezca”, que “hay que darle certezas a la inversión” (léase: rebajar impuestos y perdonar abusos) y que, por arte de magia, ese crecimiento algún día chorreará hacia los bolsillos de las familias.
Pero la clase trabajadora ya se aprendió ese truco de memoria. En Chile podemos tener cifras macroeconómicas azules, empresas del IPSA rompiendo récords de utilidades y, al mismo tiempo, casi un 9% de desocupación, más de un 26% de informalidad vendiendo lo que se pueda en la cuneta, y cientos de miles de cabros y mujeres que no encuentran un contrato decente. El crecimiento por sí solo no crea empleo de calidad; sólo engorda las billeteras de los mismos de siempre si no está amarrado al desarrollo real.
Mientras tanto, en el Congreso y los pasillos ministeriales ocurre otro escándalo: la reforma laboral sigue secuestrada. Chile firma tratados internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), como los convenios sobre libertad sindical y negociación colectiva, pero a la hora de la verdad el poder político los guarda en un cajón. Retiran proyectos clave como la negociación ramal, persiguen a quienes denuncian irregularidades y nos mantienen negociando átomo por átomo, sindicato chico contra holding transnacional.
Desde la Central Autónoma de Trabajadores (CAT) decimos basta de diagnósticos de escritorio y diagnósticos con trampa. No basta con denunciar la precarización: hoy ponemos sobre la mesa una propuesta técnica, social y patriótica: el Plan Nacional de Infraestructura para el Empleo y la Adaptación Climática.
Cambiar la mirada: La obra pública no es un gasto, es el motor de la dignidad
¿Por qué conformarnos con subsidios miserables o programas de empleo precario cuando el país se está cayendo a pedazos en áreas críticas? El principio estratégico de la CAT es simple y contundente: la infraestructura pública debe ser la palanca central de la política económica y laboral.
Planteamos un programa masivo e intensivo de obras públicas —con el sello de los grandes planes de reconstrucción nacional que levantaron a Chile en el siglo XX— enfocado en cinco líneas de acción urgente:
1. Vivienda social digna y rescate de la escuela pública
El déficit habitacional supera las 780.000 viviendas. Es una bomba de tiempo social y humana. Proponemos un plan de edificación pública masiva que absorba mano de obra local en albañilería, carpintería, gasfitería e instalaciones eléctricas.
Al mismo tiempo, no podemos seguir tolerando colegios donde las salas se llueven en invierno, los casinos no dan abasto o los sanitarios no funcionan. Exigimos la reparación integral de escuelas, mejoramiento térmico, ampliación de comedores escolares ergonómicos y construcción de espacios deportivos y culturales. Educar en dignidad también es dar trabajo digno en el barrio.
2. Seguridad hídrica frente a la megasequía: Embalses y canales
No podemos seguir mirando al cielo a ver si llueve mientras el campo se seca y los pequeños agricultores quiebran. La propuesta contempla la construcción masiva de embalses pequeños y medianos, recuperación de tranques comunitarios, modernización de canales de regadío y sistemas de recarga de acuíferos subterráneos. Esto garantiza empleo formal por varios años en zonas rurales y protege el agua para el consumo humano y la soberanía alimentaria.
3. Frenar la catástrofe antes de que ocurra: Control de inundaciones y aluviones
El cambio climático no es una teoría: son las lluvias torrenciales que en invierno bajan con fuerza, desbordan ríos y arrasan con las poblaciones más humildes. Planteamos construir piscinas de decantación y acumulación de aguas lluvias, canalización de quebradas y muros de contención. En vez de gastar millones de dólares después de cada tragedia apagando incendios con cajas de mercadería, démosle trabajo a miles de vecinos para blindar sus propias comunidades.
4. Manejo de aguas cordilleranas: Que la lluvia no sea una amenaza
Nuestras cuencas de montaña requieren obras de ingeniería intensivas en mano de obra: sistemas de caídas escalonadas para frenar la velocidad del agua cordillerana, obras de retención temporal, pequeños reservorios de altura y reforestación comunitaria de cabeceras de cuenca. Empleo local para zonas precordilleranas que transforma una amenaza de aluvión en agua dulce retenida para el verano.
5. Recuperación de barrios: Pavimento, veredas y seguridad
La seguridad ciudadana no se resuelve solo con discursos punitivos; se resuelve devolviendo el barrio a la gente. Pavimentación de calles agrietadas, construcción de veredas con accesibilidad universal para adultos mayores y personas con discapacidad, iluminación LED pública y recuperación de sitios eriazos para convertirlos en plazas vivas.
¿Y de dónde sale la plata? Plata hay, lo que falta es justicia
Cada vez que el pueblo pide inversión, los guardianes del modelo preguntan: “¿Y cómo se financia?”. Muy fácil:
- Reasignación de gasto ineficiente hacia inversión pública productiva.
- Emisión de bonos de infraestructura respaldados por el Estado.
- Participación activa de BancoEstado, poniendo el crédito al servicio del desarrollo productivo y no de la especulación financiera.
- Fondos Regionales de Desarrollo (FNDR) ejecutados con sentido de urgencia en los territorios postergados.
Y lo más importante: cada licitación y proyecto público adjudicado debe llevar por ley una cláusula de empleo local, asegurando cupos preferentes para jóvenes cesantes, mujeres jefas de hogar, trabajadores mayores descartados por el mercado y subcontratación obligatoria de pymes y contratistas de la propia región.
De espectadores a protagonistas
A los convenios de la OIT no se les honra con firmas protocolares en Ginebra, sino garantizando sindicatos fuertes, salarios justos y fin al secuestro de los derechos laborales. Y a la crisis económica no se le responde con resignación ni dejando que el mercado decida quién come y quién no.
La Central Autónoma de Trabajadores (CAT) no le rinde pleitesía a ningún gobierno de turno ni a los directorios de la gran empresa. Como nos enseñaron Recabarren y Clotario Blest, la dignidad no se mendiga. La reconstrucción de Chile está en manos de quienes pegan los ladrillos, enseñan en las aulas, manejan las micros y operan las faenas. Es tiempo de un plan de empleo a la altura del pueblo trabajador.